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La historia de Las Jardineras del Mundo tiene muchos comienzos, como la historia del mundo. Primero habÌa una manzana. Esa manzana fue una Radio comunitaria donde se hacían festivales de cultura libre Fábrica de Fallas, La Tribu. En ese lugar las jardineras empezaron a tantearse, como los brotes nuevos tantean las cercas donde se apoyan para finalmente crecer.

 

El germen fue Romina Orazi, artista y jardinera, que encontró una forma de reproducción novedosa, e invito a hacer Un Jardín en el Aire. Los oyentes trajeron sus plantas, algunas minúsculas pero raras, otras imponentes y las que más, desaliñadas, torcidas. Convocados los sentidos, surge el alma dice Bioy, ese rejunte de plantas retobadas junto con las jardineras que se acercaron, fue el principio.

 

El colectivo de jardineras del mundo enraizó bien, rompió las baldosas de la vereda para hacer un cantero. Los hombres que pasaban ofrecían enseñarles, pero no ayudar, debajo de las baldosas había pavimento. Después de romper y plantar, se decidieron a hacer una playa entera: Fábrica de Playas. Contrataron un container y le pintaron una sirena en el costado, y de celeste por dentro, y lo llenaron de agua. Re-usaron maderas de pallet y formaron un deck. Colocaron fuentones de lata donde meter los pies y que queden rodeados de lentejitas. Rebalsaron arena por el pavimento hasta la vereda y pusieron una sombrilla. Los colectiveros que pasaban, tocaban bocina a las chicas que se bronceaban en la pileta. Eso paso en la puerta de la Tribu.

 

Incursionamos en La Plata, con un espacio Pulmonárea para refugiarse temporalmente, sentadas en unos bancos que hizo Ignacio Amespil contando cada circulo de los troncos que uso, y unas telas mullidas elegidas por Karina, y tuvimos nuestro logo carretilla gracias a Agus Blanco.

 

Algunas ramas se pudrieron, mucha salvia que brotó por todos lados, como la vez que intervinimos un baldío, pensamos en las ruinas, en el doble, y nos encontramos sin sostén, hasta las plantas tienen diferencias poéticas con la naturaleza.

 

Como toda especie vegetal, jardineras brotó y se multiplico en ramas. De esos nuevos comienzos surgieron Un banquete compartido con la disquería Wacala, donde se planto y nos nutrimos, y bailamos como hacen las hojas a veces en primavera. La intervención con Jalinsky, Sofia Sagle y Antonella en las fiestas de Juanito, quisimos hacer que las plantas sonaran y de alguna manera lo logramos. A eso se sucedió un periodo de invierno, donde guardamos nuestras hojas marrones y esperamos.

 

Lo femenino, lo oscuro, es un germen que al caer engendra un nuevo comienzo. El retorno, según el I Ching. Las Jardineras se encontraron en un concierto de Los Espíritus. Este es otro de sus comienzos y uno muy especial. En esos días flotaba olor a tilo por las calles y dos amigas jardineras prendieron la jardiseñal: El neón de Jardín en el Aire.

 

A veces pasa, que algo se topa con una planta en su avance y una vez que entran en contacto, en relación, trepan sobre sí y se hacen más fuertes y más altas. Eso fue la llegada de Pablo Mendez para Jardineras. Junto con él se creó y se armó el ultimo principio de las Jardineras del Mundo en el barrio Rodrigo Bueno.

 

En las Jardineras creemos que las cosas se buscan entre sí, y al llegar a este lugar Las Jardineras floreció como por encanto. El viento nos corrió de lugares donde nos quisimos establecer, salieron vecinos por ventanas que antes no existían. Fue una tormenta en la que perdimos de nuevo, algunas ramas y hojas, y que nos depositó en este lugar.

 

Aquí arrancamos con unos cajones de verdura y empezamos a armar el bolso de jardinera: guantes, tijera, cuchillo. Aquí nacieron nuestros códigos de amistad como la cervecita de los cumpleaños, los matrimonios que festejamos, la manera de sostener entre dos, las estacas que inventamos para los choclos y los tomates.

 

Estamos aquí paradas desde que no había nada, solamente basura, tierra dura y sol. Y aquí levantamos las maderas y plantamos los postes para nuestro alambrado. Jardineamos y compartimos cada sábado la torta de Rosa que comemos con las manos marrones. Estar sentadas aquí, rodeadas de los vestidos de colores y los sombreros, con los vasitos en la mano, donde cada tanto vertemos una chicha. Estar dando vuelta a los canteros, siendo llamadas por otra jardinera a ver un zapallo, una flor que nació muy torcida, o cualquier cosa que merezca ser comentada. Ir apilando lo que cosechamos, tomates, zapallos, choclos variaditos. El momento en que una jardinera se acerca, con los pies embarrados, a dejar un botín en la pila de verduras, el orgullo. Esa pila se reparte cada sábado equitativamente, y todo esto sucede en silencio o cuando viene la Sole escuchando unas cumbias, o con la música de fondo del barrio.

 

Después regamos y vamos para nuestras casas llevando con nosotras, eso que sucede cada sábado a las 14 horas.

 

Julia Munin

 

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